El arte de renacer: Cómo la guerra marcó al manga y el anime

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El ataque nuclear a Japón al final de la Segunda Guerra Mundial tuvo una repercusión indescriptible dentro de la historia y cultura de este país. La nación nipona tuvo que reinventarse desde las cenizas y apoyarse en la riqueza de su cultura y sus antepasados para sobreponerse a un dolor que quedó tatuado en la conciencia de su sociedad.

A manera de expresión, esta temática está representada en el manga y el anime, en ocasiones para darle un proceso de duelo y sanación a la nación.

El padre del manga, Osamu Tezuka, se obsesionó con los daños que causó el ataque nuclear y lo expresó a través de varias de sus obras. Si bien el Japón de la posguerra se convirtió en una nación centrada en su desarrollo tecnológico, Tezuka, inspirado por los horrores de la bomba, creó a Astroboy para recordar que la tecnología puede hacer muchos estragos y que jamás será capaz de reemplazar a un ser humano, por más avanzada que esté.

De la misma manera, el genio Hayao Miyazaki, quien presenció los desastres de los ataques estadounidenses siendo solo un niño, expresa en sus obras la importancia de la naturaleza y lo peligroso que resulta el mal uso de la tecnología, especialmente la nuclear.

Experiencias personales

A diferencia de Tezuka y Miyazaki, Akiyuki Nosaka relata sus propias experiencias con la guerra a través de La tumba de las luciérnagas. La obra de Nosaka, que luego fuera adaptada por Takahata al anime, no solo es una forma de catarsis, sino que también cuenta una historia autobiográfica. Su historia sobre cómo viajó con su pequeña hermana a través de un Japón en guerra en búsqueda de su madre hacía referencia a todas esas familias destrozadas por la guerra: los millones de niños huérfanos y cómo estos, con poquísimos recursos, lograron abrirse paso en el mundo.

Sin embargo, mangakas como Tezuka veían en la bomba una oportunidad para renacer como país, como lo demostró en su obra Phoenix, expresando que Japón era capaz de levantarse y volver a ser una gran nación, como lo ha demostrado hasta ahora.

El ataque a Hiroshima y Nagasaki fue una tragedia de gran magnitud que caló en lo profundo de la sociedad japonesa, y dejó huellas en cada aspecto de su idiosincrasia. Es así como la nación asiática tiene artistas del nivel de Tezuka y Miyazaki, gracias al dolor de una terrible tragedia y la capacidad de inspirarse al punto de volver a nacer mucho más fuerte.

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