Chris Cornell: La muerte del último ídolo de la generación X

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Su voz casi sobrehumana. Su mirada triste e intensa. Su capacidad de cantar de forma magistral. Su gran talento. Vamos a extrañar todo del grandioso Chris Cornell. Siempre en la música. Siempre en nuestros gustos intensos. Siempre en nuestros oídos.

Ayer al mediodía, todos nos impactamos, nos estremecimos y entristecimos en demasía al enterarnos de la muerte de Chris Cornell y sobre todo, por la forma en cómo murió.
Junto con Nirvana, Red Hot Chilli Peppers, Pearl Jam y Alice In Chains, el grupo que formó Cornell, llamado Soundgarden es una de las referencias obligadas y pioneros del grunge, junto con Alice In Chains, Soundgarden se distinguió por sus tonos lúgubres y oscuros. La historia de Soundgarden comienza a mediados de la década de los ochentas, cuando Hiro Yamamoto, uno de los integrantes fundadores y el bajista de la banda, termina el High School y decide dedicarse a la música. Para ello, tiene que mudarse a Olympia, Washington y lo hace junto a sus amigos: Kim Thayil y Bruce Pavitt. Ahí, conocen a un baterista llamado Chris Cornell. Sin embargo, algunos años más tarde, se les uniría en la batería Scott Sundquist y eso fue como la lotería para Cornell, quien se convirtió en el ‘frontman’, es decir, en el cantante.
Lo demás ya lo conocemos, muchos éxitos y culto gracias a Soundgarden. Fueron la primera banda de grunge en firmar con un gran sello discográfico (A&M Records), incluso antes que Nirvana lo hiciera con Geffen Records.
Lo mágico de Cornell era su mirada triste e intensa. Su genialidad como frontman de dos de las bandas más aclamadas por la crítica: Soundgarden y Audioslave. Su voz casi ímproba, que alcanzaba el poderoso tono de tres octavas y media; también, podía cantar las octavas bajas con un control absoluto; podía hacer lo que fuera con su voz, misma que parecía no tener límite alguno. La intensidad de sus presentaciones. Su talento sobre el escenario. La facilidad para transmitirnos emociones con su arte. Chris Cornell simplemente nació para ser una leyenda; su contexto natural parecía que era el escenario, su banda y la música y nada más.
No podemos decir que Cornell la pasó fácil. En la época de mayor gloria de Soundgarden, también pasó por periodos de luchas personales y en contra del abuso de sustancias y adicciones, que, como a todos los músicos genios de su generación, no fue la excepción.
Actualmente y gracias al reencuentro de Soundgarden en el 2010, Chris Cornell vivía un nuevo momento intenso de gloria y fama. Pero así, la madrugada de ayer jueves, decidió terminar con su vida.
El concierto que ofrecía el grupo en el teatro Fox de Detroit se convirtió en un éxito y de una muchedumbre que gozaba ver tocar y cantar a la banda. Eso sucedió, apenas unas horas antes de la muerte de Chris. Unas horas antes de que su agente confirmara que había muerto y lo peor, que al parecer se trató de un suicidio, pues el ídolo se ahorcó. Tenía 52 años.
“En el momento de mi muerte, no quiero que nadie llore. Todo lo que quiero es que lleven mi cuerpo a casa” decía una parte del tema In My Time Of Dying (En el momento de mi muerte), cover de Led Zeppelin que ya habían cantado antes y con el que cerraron ese concierto. Chris Cornell lo dijo. Lo anunció. Pero ahora dinos, ¿Cómo quieres que tu público no llore? Dinos, ¿cómo?

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