Las oscuras leyendas urbanas detrás de Los Pitufos

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Los Pitufos, los Smurfs (según su traducción al inglés), o los Schtroumpfs (tal es su nombre original en belga) son los personajes de una exitosa historieta creada por el dibujante Pierre Culliford, más conocido como Peyo en 1958.

La productora Hanna-Barbera, creadores de clásicos animados como el Oso Yogui (1958), Los Picapiedras (1960) o Scooby Doo (1969); estuvo a cargo en 1981 de la serie animada que llegaría a todo el mundo, volviéndose una de las series animadas de más larga duración de toda la historia (con 421 episodios).

Pero, los grupos moralistas de diferentes países se encargaron (como suelen suceder) de quitarle la diversión al asunto, cuando comenzaron a rondar rumores extraños y leyendas urbanas alrededor de los personajes a raíz de un “estudio” exhaustivo del programa, las cuales analizaremos a continuación:

¿Qué son realmente los Pitufos?

Con esa simple pregunta inicio el debate, ¿son gnomos?, ¿son duendes?, ¿de dónde aparecieron? Nadie lo sabía con certeza. Por supuesto a los jóvenes espectadores eso no les importaba y se limitaban a disfrutar el show, pero ciertos adultos no puede vivir sin etiquetas.

Y ya que en culturas como la nuestra –la latinoamericana– basadas en la fe cristiana, la existencia de seres sobrenaturales como duendes o hadas siempre se asocia con el mal o la hechicería, los Pitufos pasaron a ser intrínsecamente malignos o “sospechosos” por lo que había que mantenerlos vigilados.

Mensaje satánico

Puede sonar extraño, pero muchos grupos religiosos planteaban que la serie tenía un mensaje negativo para los niños; la raíz de esto fue la existencia de los diferentes pitufos que personificaban una emoción o característica, eso llevo a compararlos con los siete pecados capitales:

Orgullo: Pitufo Vanidoso, siempre llevando un espejo para admirarse.

Avaricia: Pitufo Glotón, que se escabullía a la cocina para robar comida.

Gula: Pitufo Goloso, que además de amar comer era el cocinero.

Ira: Pitufo Gruñón, siempre molesto y odiándolo todo.

Envidia: Pitufo Filósofo, siempre tratando de liderar en lugar de Papá Pitufo.

Pereza: Pitufo Dormilón, siempre durmiendo y escapando de responsabilidades.

Lujuria: La Pitufina, la única mujer de la aldea y símbolo sexual instantáneo al atraer la atención de todos los demás.

Para acentuar aun más esta idea, el enemigo de los pitufos era Gargamel, un humano vestido de sotana franciscana (una prenda eclesiástica) que vivía en una iglesia derruida y tenía un gato (animal vinculado al diablo y la brujería) llamado Azrael, nombre del ángel de la muerte en la religión judía y musulmana, supuestamente dando a entender que la búsqueda obsesiva de los pitufos (para comérselos y adquirir poderes mágicos) terminó sacando a Gargamel del camino recto.

Gracias a estos hechos mal interpretados, los Pitufos se volvieron un blanco fácil para la crítica.

Alegoría racista

Es una de las críticas más reiteradas que ha recibido no solo el programa, sino también la historieta original. Todo surge cuando se cuenta el origen de Pitufina (una creación de Gargamel para que se infiltre como espía en la aldea de los pequeños seres azules) y se la presentaba inicialmente con el cabello negro y aspecto menos agraciado. Pero cuando la aventura terminaba y la arrepentida espía es aceptada en la aldea, Papá Pitufo usa su magia para salvarla y la transforma en la Pitufina rubia que todos conocen.

Otro caso similar que dio lugar a malos entendidos fue con el primer número de la historieta original de los pitufos, el cual lleva el título: Les Schtroumpfs Noir (Los Pitufos Negros). La trama presentaba a un pitufo siendo picado en la cola por una mosca en el bosque, lo que lo transforma en un pitufo negro de aspecto agresivo que se mueve dando brincos y muerde la cola de otros pitufos, propagando así la “infección” como si de zombis se tratasen.

Cuando esta aventura fue adaptada a la serie de TV en el episodio 16 de la primera temporada, para evitar censura (y posibles demandas) los pitufos “infectados” adquirieron un color púrpura. Estos ejemplos bastaron para que el programa sea acusado de hacer “insinuaciones neonazis” a sus televidentes.

Apologías a la homosexualidad y el consumo de drogas

Otra de las inauditas y recurrentes acusaciones que recibió el show (aunque hay que aceptar que no es difícil empezar a sacar conclusiones).

La existencia de una sociedad formada completamente por personajes masculinos capaces de experimentar enamoramiento (como se demostró tras la llegada de Pitufina) dio lugar a que muchos grupos religiosos insinuasen que había algunos (si no es que todos) personajes netamente homosexuales o bisexuales entre ellos, siendo el caso del Pitufo Vanidoso el primero en ser sospechado de ello debido a su comportamiento un tanto amanerado.

Dentro de estos comportamientos “cuestionables” (desde el punto de vista conservador) también se le atribuyeron a los pitufos el consumo de sustancias estimulantes, hongos y flores de las más variadas clases (por si alguien no lo recuerda, los pitufos vivían en casitas que se asemejaban a unos hongos).

En retrospectiva puede parecer algo difícil de creer que la gente dijese eso, pero así era.

Propaganda socialista y/o comunista

Como se menciona al inicio, la serie animada fue puesta al aire en 1981, una época en que muchos estadounidenses mayores de 30 años (que crecieron durante el Macartismo) vivían en un estado de paranoia por la Guerra Fría, viendo espías rusos y mensajes socialistas en todas partes. Los pitufos también se vieron envueltos en este temor; basándose en que la sociedad de la aldea de los pitufos tenía características que la convertían en un estado comunista “literal”, por ejemplo:

Todos los individuos tenían sus respectivas tareas y roles, pero eran iguales a nivel social.

Todos usaban el mismo tipo de ropa (como si fuera un uniforme). Incluso se destacó que los bonetes que usan los pitufos son gorros frigios, prendas usadas por los esclavos liberados de Roma, por lo que es un símbolo de revolución, libertad y derrota sobre la tiranía en casi toda cultura.

En algunas traducciones, Gargamel quería capturar a los pitufos no para comérselos, sino para poder crear oro con ellos, lo que era visto como una “figura capitalista maligna” tratando de explotar a los obreros (en este caso los pitufos).

El “líder” de la aldea (Papá Pitufo) viste un traje rojo, color asociado al partido comunista. Incluso muchos destacan el parecido sutil que tiene el personaje con Karl Marx, el filósofo alemán que desarrollo el manifiesto comunista.

Ya rozando con lo ridículo, se planteó la teoría de que la palabra Smurf (nombre dado a los personajes en Estados Unidos) era en realidad una sigla para Socialist Men Under The Red Father (Hombres Socialistas Bajo el Padre Rojo)… triste, muy triste.

Las oscuras leyendas urbanas

Finalmente, la suma de la paranoia y las múltiples opiniones negativas dieron lugar a leyendas urbanas donde los pitufos eran seres malignos, transmitiéndose en forma de “testimonios verídicos” de boca en boca (eran los 80, no había internet).

Las leyendas más famosas presentan a los personajes que aparecen en la mercancía de la serie, como ser juguetes, ropa, etc. Entre las más “suaves” de las leyendas, está la de un niño en cuyo cuaderno escolar (donde había pegado figuritas de los pitufos para decorarlo), comenzaron a aparecer varias páginas escritas en un idioma ilegible y habían dibujos donde el niño asesinaba a su familia. Cuando los maestros y los padres interrogaron al niño sobre esos dibujos, éste lo negó entre llantos, los padres no lo creyeron y guardaron el cuaderno bajo llave, cuando la madre volvió a revisar el cuaderno tiempo después, vio con horror que estaba completamente dibujado sin que nadie hubiese tenido acceso a él.

Otras de las leyendas son bastante más similares; involucran a niños que fueron asesinados por sus juguetes de los pitufos que cobraron vida durante la noche; o que fueron asfixiados en sus camas por usar sabanas con imágenes de los pitufos y un largo etcétera.

Estos hechos jamás fueron comprobados ni completamente analizados, pero el miedo que se gestó fue suficiente para que miles de madres destruyeran los juguetes o cualquier clase de mercancía que se pareciese o tuviese en ella a un pitufo, o incluso les prohibiesen a sus hijos ver la serie.

 

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