Riverdale: el oscuro universo de Archie y sus amigos

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Riverdale es el melodrama adolescente más esperado de 2017. La nueva serie sobre los personajes de Archie Comics, se transmite en México los miércoles a las 21:00 horas por Warner Channel.

 

Que el género teen está de capa caída es un hecho irrefutable. Los dramas adolescentes y las series de instituto vivieron un importante declive a comienzos de la década, tras la conclusión de títulos como Gossip Girl, 90210 o One Tree Hill y, si bien el género se ha mantenido con vida gracias a variopintas fórmulas, las series sobre jóvenes intensos, romances imposibles y modelitos de ensueño son cosa del pasado. Mientras los superhéroes avanzan posiciones en los enclaves predominantes (la estadounidense The CW, hogar original de la serie de la que hoy hablamos), los últimos estandartes del género teen como la ya adulta Crónicas vampíricas, Teen Wolf y Pretty Little Liars concluirán su recorrido 2017 dejando las aulas vacías. Hasta hoy.

Porque la esperada Riverdale se estrenó con una declaración de intenciones manifiesta: la adaptación televisiva de los famosos personajes de Archie Comics, que quiere y puede tomar el relevo de las series de instituto con una propuesta fresca, digna y muy sugerente.

Los seguidores de los cómics, no obstante, verán en Riverdale más un homenaje (a los algo más de 75 años de la creación de sus personajes) que una adaptación de pleno. Así, Riverdale toma a los míticos Archie, Betty, Verónica y Jughead que antes se llamaba Torombolo, y los traslada a un universo más realista pero también más oscuro, mostrándonos una ciudad que vive uno de sus momentos más duros tras la misteriosa muerte del chico de oro del instituto, Jason Bloom. El tórrido verano ha llegado a su fin y, con él, comienza un nuevo curso repleto de aventuras, oportunidades, nuevas amistades, viejos enfrentamientos y, sobre todo, un misterio que flota sobre las cabezas de todos. Si bien el whodunit (contracción en inglés de Who’s Done It?, que se traduce como el ¿quién lo ha hecho?) se posiciona como el hilo conductor de la nueva serie es el espíritu de las viejas historias gráficas, temas como el triángulo amoroso Archie-Betty-Veronica o lugares como la heladería de Pop se mantienen, no obstante (y muy sabiamente), en pie.

A pesar de ello, no es ni la mencionada adaptación ni el misterio de la muerte de Jason Bloom el principal atractivo de Riverdale, cuyo desarrollo podemos estructurar con facilidad en nuestra mente con total previsibilidad y sin gran posibilidad de sorpresas. El primer episodio nos muestra con energía y una increíble solvencia la primera razón para ver la serie: sus personajes, interpretados por uno de los mejores castings jóvenes de los últimos años, con un evidente talento más allá de su insultante atractivo físico. Enriquecidos por la obra previa a la vez que adornados con múltiples estereotipos, los chicos de Riverdale se hacen destacar con rapidez ya sea por el mundo interior de algunos o por su lengua viperina de otros, encontrando su lugar en la serie con facilidad y con tan solo unas cuantas escenas en su haber.  A través de estos jóvenes (y no tan jóvenes en la vida real) es cómo Riverdale nos muestra sus dos caras: la ganadora, marcada por una inesperada dosis de humor y referencias pop; y la menos ganadora (pues es incluso interesante), poblada por las familiares tramas de pasillo de instituto (audiciones de animadoras incluidas). La cruz, sin duda, está en manos de los personajes más veteranos, los padres, con graves problemas para encontrar su lugar a pesar de que sirvan de elementos limitantes a sus soñadores hijos.

Con ello en mente, podemos incluso entender Riverdale como una propuesta nostálgica, ya no solo por algunos clamorosos guiños en el reparto (Luke Perry de Beverly Hills 90210 como el padre de Archie, Mädchen Amick de Twin Peaks como la madre de Betty o la aparición especial de Moly Ringwald más adelante) o por el órdago de la cadena al venderla como Teen Peaks, sino porque Riverdale busca de alguna forma devolvernos ese gusto que creíamos perdido por los melodramas de instituto, sin tomarse demasiado en serio pero sin pasarse de ridícula.  Y lucrarse con ello, por supuesto. Para lograrlo, quién mejor que Greg Berlanti, uno de los productores de televisión más notables (desde Dawson’s Creek o Everwood hasta todas las series de superhéroes de DC/WBTV); junto a Roberto Aguirre-Sacasa, quien ha trabajado para Marvel Comics así como para series como Glee o Big Love, y es el actual director creativo de Archie Comics.

Por último, destacar la estética de la serie y el apartado visual de la misma, totalmente inesperados en una serie de esta temática y que sin duda redondean el conjunto de forma notable logrando que hasta el tinte de pelo de Archie (K.J. Apa), resulte convincente. Ello, unido a una buena labor de diseño de vestuario y de banda sonora (las composiciones corren a cuenta de Blake Neely, Emmy por Everwood), complementan los elementos más técnicos y puede llegar satisfacer a los espectadores más exigentes.

Con ello, esperamos que Riverdale no se quede en una buena primera temporada y que mantenga sus fortalezas, que no son pocas, a lo largo de los episodios que le restan. Que no se convierta en un previsible whodunit que ahogue la buena dinámica que hemos visto en el resto de elementos (sin forzar las comparaciones, Pretty Little Liars tropezó con esa misma piedra) y que apueste por el melodrama teen guiado, eso sí, por los misterios que encierra la peculiar población. Y por el duelo de divas de taquilla y pompones, que también tiene su encanto. Riverdale, la podemos disfrutar en México a través del canal de paga Warner Channel.

 

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