T2 Trainspotting y su alucinante banda sonora

139

 

Iggy Pop remezclado por The Prodigy, Underworld, Blondie y Queen tiran de nostalgia en la BSO de la película de Boyle, que suma aires nuevos con Young Fathers o Wolf Alice

 

Primer minuto. ‘Lust for Life’. Iggy Pop ahora con The Prodigy. Viaje al pasado. A 20 años atrás cuando esa misma canción y esa misma película nos pegó un viaje y nos voló la cabeza. “Elige la vida” se enciende en la mente instintivamente. Y una carrera disparata por las calles de Edimburgo. ¿De qué huíamos realmente? ¿Y por qué ahora estamos corriendo en una cinta en un gimnasio?

Más de 20 años después Danny Boyle recupera este referente generacional que no ha perdido pegada y, además, ha ganado en profundidad.

Danny Boyle arranca con potencia ‘T2 Trainspotting’ y nos demuestra, en esta primera secuencia, el espíritu de la segunda parte de su mítica película: lo único que ha pasado es el tiempo. Y con él, las esperanzas se han ido por un retrete que, aunque hoy está impoluto, a la luz forense sigue repleto de vómito y mierda. Nos creíamos invencibles, pero el sistema sigue engullendo nuestras ilusiones (y elecciones). Esas que nos removió ‘Trainspotting’ en 1996. El nihilismo de antaño se ha convertido en un futuro burgués maniatado, constreñido y asquerosamente desesperante en este 2017. Un futuro de selfies tuneados con Snapchat, running y nostalgia. A la mierda las esperanzas. Eso sí, con un buen lazo y una buena banda sonora que nos haga tragar sin excesivo dolor. ¿Por qué no una dosis más de una droga conocida? ¿Por qué no un poco más de adicción? ¿Acaso importan los años?

‘Trainspotting’ no solo es una película de culto por su manera de tratar a una generación presa del abismo social, también lo es por su música. Ese arranque de Iggy Pop no era más que el aperitivo de una de las bandas sonoras más célebres del cine. Si hoy, 21 años después, es lo que es, en gran medida es gracias a la música. Es parte de esa conexión que tiene el público con este filme. “Ha dejado huella evocando secuencias simplemente con las canciones. Hubo mucha gente que no se suponía que fuera a ver la película, pero lo hizo debido a la música. Cuando es algo que te afecta, lo cual creo que es el caso con la banda sonora de la primera película, amplifica las emociones. Son puntos o estímulos que detonan una especie de reacción química dentro de ti en relación con esa escena”, explica el director. Y ‘T2. Trainspotting’ es plenamente consciente de su primera película, no solo en personajes y narrativa, sino en su impacto como pieza cultural. Y eso pasa, obviamente, por su música, entendida como un vínculo determinante y sentimental que ahora quiere enganchar un filme con otro.

En la primera película, Boyle recurrió a una banda sonora acorde con la película: tan irreverente como provocadora. Tiró del britpop de esos años: Pulp, Blur, Elastica y de maestros como New Order o Iggy Pop. Era el sonido de la llamada Cool Britania. Esa música inyectó a la cinta la adrenalina de sus viajes psicodélicos y la convirtió en tan protagonista como Renton y sus colegas. Ahora, la historia se repite y, como dicen los protagonistas, todo cambia menos nosotros. Eso pasa en los nuevos 15 temas de la banda sonora: nostalgia, melancolía y actualidad. Solo que la Cool Britania ya no es tan molona como antes.

Si la primera parte retrataba la hedonista alegría de ser joven, esta segunda habla de las decepciones de la madurez y de la desilusión. Y eso también impregna a su banda sonora, más oscura y menos alegre. Obviamente están sus dos temas más famosos e hipnóticos, porque la música de ‘Trainspotting’ fue también el mantra de una generación inadaptada y rebelde —además de estar considerada una de las mejores bandas sonoras de la historia según revistas como ‘Rolling Stone’ o ‘Time’—. Abre de nuevo ‘Lust For Life’ de Iggy Pop remezclada por The Prodigy y cierra, cómo no, Underworld con un nuevo ‘rework’ de ‘Born Slippy. NUXX’ titulado ‘Slow Slippy’. Pero paremos primero en los temas que conocemos.

Boyle tenía muy claro que La Iguana tenía que estar en la banda sonora de su película. En la novela de Irvine Welsh hay una escena viendo un concierto del músico estadounidense. “¡No está muerto! ¡El año pasado Tommy fue a verlo!”, le dice Renton a Diane sobre Iggy Pop. Esta fue una de las claves por las que el director quería que una de sus canciones abriera el filme. “El libro fue escrito durante muchos años y puede sentir el transfondo de la música detrás de él. Queríamos que el paisaje sonoro de la película cubriera varias épocas. Por eso comienza con ‘Lust for Life’, después pasa por el punk y termina con britpop y música dance”, ha explicado. Y 21 años después repite fórmula.

‘Lust for Life’ fue escrita por Iggy Pop y David Bowie en esos setenta en los que las dos estrellas se refugiaron en el Berlín Occidental para huir de la fama, intentar desengancharse de las drogas y explorar su creatividad. No les fue nada mal porque parieron discos como ‘Lust for Life’ (1977) y ‘The Idiot’ (1977), en el caso de Pop, y la Trilogía de Berlín, ‘Low’ (1977), ‘Heroes’ (1977) y ‘Lodge’ (1979), en el de Bowie. Iggy Pop ha asegurado en más de una ocasión que Bowie le salvó “de la aniquilación profesional y personal. Él me resucitó”. Su segunda resurrección, o quizás la inmortalidad en la era pre internet en la que la música grababa a fuego nuestros gustos e inquietudes, llegó de la mano de Boyle y ‘Trainspottting’. Esta canción —y Pop— se convirtió en un himno para esa Generación X pérdida y ansiosa por vivir, a la par que unió al britpop contemporáneo y elevó, para esa nueva hornada de jóvenes, la música de los setenta y ochenta.

Tras ‘DUBNOBASSWUTHMYHEADMAN’, ‘Born Slippy’ era una cara b del disco de Underworld ‘Second Toughest in the Infants’. El grupo no quería participar en ‘Trainspotting’ cansados de que la música electrónica siempre se asociara a la violencia y las drogas. Boyle les enseñó 15 minutos de metraje y accedieron al instante. Así, su canción se convirtió en el icono absoluto de la película, incluso no hacía falta haber visto la película para reconocerla como himno.

Hoy sigue transportándonos a los picos de heroína, a la desesperanza de Renton (Ewan McGregor), Sick Boy (Jonny Lee Miller), Spud (Ewen Bremmer) y Begbie (Robert Carlyle) y a esa huida final de Renton con las 16.000 libras mientras Franco destroza la habitación del hotel. También al dolor de pies de las veces que la hemos bailado (y de cabeza de las resacas que nos ha granjeado). El nuevo remix ahora nos sigue diciendo que el mundo ha cambiado, pero nosotros no tanto. Y esta vez Underworld también cierra el filme en esa alargada habitación de Renton donde hace dos décadas se desenganchó de la heroína. Hoy la pincha en vinilo (en un LP que ha estado tentado de poner a mitad del filme que guarda junto a otro de David Bowie) y la baila —y homenajea— cual catarsis desaforada.​

Rick Smith, de Underworld, ha trabajado con Jon Harris y Boyle en la BSO de esta segunda parte. Si en la primera contaba con hoy clásicos como el ‘Perfect Day’, de Lou Reed, que acompañaba uno de los viajes de Renton, o ‘Deep Blue Day’, de Brian Eno, que ponía poesía a la escena más transgresora y memorable de la primera parte protagonizada por “el peor baño de Escocia”; en esta secuela se funden los clásicos como Queen y su ‘Radio Ga Ga’, en una divertida escena de los chicos en una discoteca; ‘(White Man) In Hammersmith Palais’, de The Clash; ‘Relax’, de Frankie Goes to Hollywood, en la disparatada persecución del aparcamiento; ‘It’s Like That’, de Run D.M.C vs Jason Nevins; o ‘Dreaming’, de Blondie.

Para paliar la nostalgia, la BSO de ‘T2 Trainspotting’ cuenta con nuevas y estimulantes incorporaciones. ‘Shotgun Mouthwash’, de High Contrast, es un potentísimo segundo corte que deja clara esa unión generacional común a los dos filmes. También aparecen Wolf Alice con ‘Silk’, que se puede escuchar en las primeras imágenes del tráiler del filme y que, reconoce el director, “viene de mis hijas y sus gustos inspiradores”, y bandas como The Rubberbandits, con ‘Dad’s Best Friend’; Fat White Family, con ‘Whitest Boy on the Beach’, o Young Fathers, un grupo que no podía faltar porque, asegura Boyle, “son el palpitar de la película” y, en palabras de Welsh, “suenan a Edimburgo”. De hecho, del grupo escocés hay tres temas en esta película: ‘Get Up’, ‘Only God Knows’ y ‘Rain or Shine’.

Si se convertirá la música de esta nueva entrega (hubo un segundo disco en la banda sonora de la primera película con temazos como ‘The Passanger’, de Iggy Pop; ‘Golden Years’, de Bowie, ‘Come Togehter’, de Primal Scream o ‘Atmosphere’, de Joy Division, pero con mucho menos éxito) en un clásico como lo fue la de la primera, lo determinará el éxito de la película. Tiene la nostalgia y la novedad para conseguirlo. La nostalgia de la película (y las metas) que nos marcó a mediados de los noventa y la novedad de la vida que no tenemos pero sí sabemos que no queríamos. De momento, nos deja esa oportunidad y esa traición a la que estamos enganchados. Como dice Renton hoy: “respira hondo. Eres un adicto, así que vuélvete adicto. Sólo que vuélvete adicto de otras cosas. Elige a aquellos que amas. Elige tu futuro. Elige la vida”.

 

Deja una respuesta

Su dirección de correo electrónico no será publicada.